lunes, 19 de mayo de 2014

RONDA Y MÁLAGA

Me pierdo por Granada con frecuencia y es que Graná me pierde. Pero este fin de semana he hecho lo mismo que Caperucita y he cogido por el camino más largo y deteniéndome a hablar con el lobo, cansado como estaba de los consejos viejos de la abuelita de que no hablara con nadie.
En Ronda me ha vuelto a sorprender la naturaleza, ese increible tajo del coño que aunque me he asomado a él muchas veces, siempre termino diciendo:
- ¡Coño!



Pasear por Ronda es una delicia, el tajo, la plaza de toros, los bares.
Me asaltaba la presencia de mi padre y un viaje que hice con él. Como le gustaba venir conmigo pero no quería encelar a mis hermanos, llegamos al acuerdo de no decirlo. Pero compró unas aceitunas y por ahí se delató. Al día siguiente, comiendo en casa, dijo:
- ¡Qué aceitunas más buenas compramos ayer en Ronda! Yo no sabía donde meterme de la risa.
De Ronda a Málaga. ¡Málaga bella!¡Qué bonita está! ¡Qué azul!¡Qué luz! Me pareció la ciudad más hermosa de Andalucía. Me ha gustado más que nunca.
 

Verla desde la Alcazaba es impresionante. El mar al fondo y las amplias avenidas la hacen más bonita si cabe. Los jardines muy bien cuidados, las flores en primavera. Una maravilla.
Cuando terminas de recorrer la Alcazaba te metes por las calles de bares y disfrutas de sus productos. Gambas, marisco en general.
Málaga bella. 
 
Una ciudad con mucha gente caminando por el paseo marítimo, corriendo, en bicicleta. Una ciudad amplia y acogedora. Muchos parques y columpios, una ciudad pensada para la gente.
He estado muy bien en Málaga y pronto volveré al museo Picasso y por un espeto de sardinas. Y de vez en cuando me acordaba de Carlos y de Miguel de Molina.

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