domingo, 3 de marzo de 2013

CHAQUE JOUR UNE CHANSON OU TROIS: CAJA NEGRA, QUERIDA, VUELVES A MI

Ha llovido desde entonces pero aún recuerdo a Luis cuando nos hablaba de Erich Fromm y el Arte de amar. Era jesuita pero tenía las cosas muy claras. Nos decía que el amor era entrega, que el amor posesivo con una persona parecida a ti era amor propio. Pero nos avisaba: es muy difícil convivir con una persona muy diferente a ti. 
A mi a veces me pasa. Y entonces me acuerdo de la Caja Negra que cantó Víctor Lemes en la plaza de Graná. Nos la presentó diciendo que en las relaciones personales tendría que haber una caja negra para recordar todo y estoy de acuerdo. No vale estrellarse una vez. Si tanto temblor nos desintegra guarda alguno en tu caja negra.

Las personas cambiamos según nuestro estado de ánimo. Me acuerdo mucho de la canción QUERIDA, de Serrat. Algunas veces no parecemos el mismo, o la misma. Pero si la sangre llega al río es que había algo más. Por eso me gusta mucho también de ese disco la canción que empieza diciendo: no tomes solo una parte, tómame como me doy, entero y tal como soy. No vayas a equivocarte. Soy sinceramente tuyo pero no quiero, mi amor, ir por tu vida de visita vestido para la ocasión. Bueno, voy a escuchar el QUERIDA, que se acerca más a lo que me he cantado estos días.

Disculpe que insista, querida,
pero es imprescindible su colaboración
para saber dónde se me ha perdido
la muchacha que hace un rato
estaba aquí conmigo
echando aceite en mi lamparilla,
tratándome como a uno de la familia.

No sabe con cuánto mimo
cuida esas cosas que usted tanto desprecia en mí.
Vea mis dedos desde que no la toco
menguando entre mis propias manos poco a poco.
Me vienen anchos los pantalones,
hablo solo y sufro alucinaciones.

¿Le importaría darse la vuelta?
Déjeme verla de frente,
póngase aquí en la luz junto a la puerta.
¡Se le parece tanto físicamente!

Y avíseme si volviera,
no es por capricho,
le juré amor eterno y no quisiera
quedar en entredicho.

Y parece todo tan fácil
como extender la mano,
y es tan lejano
y tan frágil,
que estoy tentado a emprender hoy mismo
un curso acelerado de transformismo.

Esconda las uñas, querida,
no soy el enemigo,
no es ésa mi intención.
Sólo sospecho que es usted quien esconde
contra su voluntad
algo que me corresponde.
Póngale fin a ese disparate,
vengo dispuesto a negociar el rescate.

¿Le importaría que eche un vistazo
por sus intimidades,
que me dé un chapuzón entre sus brazos
prescindiendo de las formalidades?

Avíseme si volviera,
no es por capricho,
le juré amor eterno y no quisiera
quedar en entredicho.

Y este VUELVES A MI, de DIEGO TORRES, que lo dice todo.

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